Dícese de la acción de dar libertad a un esclavo
Me aterra y desfigura el pensar que voy a estar siempre igual, siempre bien. Pero el bagaje de pensamientos heterogéneos entra en juego: “¿Cuál es el camino a seguir? ¿Habrá cambios? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Estoy bien realmente?” La sobrecarga es instantánea, el desbarranco ya es un hecho. Entonces, convulsivamente, retorno a la rutina de los mediocres deseos, enlazándome nuevamente a esta pérfida danza de perdedores.
Los efectos y los afectos, los viejos conjuntos indispensables, actualmente, tienen como lema el abandono y la indiferencia… ¿o será que los siento tan lejos que es más fácil imaginarlos como ellos los villanos y yo, en el espléndido papel de buenísima santurrona? Sólo sé que son los acreedores de mi confianza, porque se que floto hasta que vuelvo a estar en rojo ferroso, hasta que vuelvo a desayunar con la realidad.
Tan difícil se torna a veces, seguir existiendo con este uniforme de inteligente originalísima, de muñeca mutilada, de persona confiable, de monstruosa muda.
Y cada hora que ficha, cada persona que me habita, cada amanecer del siniestro silencio, cada vez me encuentro revolviéndome, debatiéndome en la asquerosa alegría de los descansos, en la gran muerte (y no las de turno), en el deshabilitar la función de mis ojos. Y el otro polo, o mejor dicho, mi desubicado norte: la obligación de renunciar a tal postura agarrotada. Desatender al cinismo que busca contentar a mi debilidad, mi odiosa verdad: mi misantrópica naturaleza.
Ya no quiero más debates, entendí que ya no soy más yo, para vos, me volví otra. Pero la verdad, es que siempre voy hacer otra. Vertiginosamente, los cambios se aglutinan. Entonces, el espacio infinito de permisos, no se puede encerrar en mi cuerpo, en mi mente llorosa. Sin un gramo de humanidad, me han presionado hasta que exploté en culpa lacrimosa de no poder ser yo por tener resultados tan lamentables. El aspirar a ser otra, me ha hecho entender que no era sólo un personaje de turno, se ha vuelto mi realidad, es la persona que come y bebe dentro de mí. Ya no quiero deseos archivados ni fuerzas ni respiros. Manumisión a ti te pido.
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