Hoy me desperté y tuve la más linda, y a la vez, imposible imagen que pueda tener: estar con alguien que me quiera. Ya me tomé la total libertad de no darle caso alguna firma estúpida: ¡pero vos no estás sola! Lo sé, porque las escasas personas que importan (las cuento con los dedos de mis manos) saben que me acompañan a cada momento y no me siento para nada sola.
El tema es, como siempre, que no encuentro el por qué. Después de mucho divagar mientras veía, con el buche lleno de envidia sana de parejitas (y pajerotes) bañados en abrazos y sonrisas (demás está decir que se veían tan tiernos y otros... dejemoslo ahí), caí a cuenta del desastre de sentimientos que soy (contesto tu pregunta: Sí, hasta las plantas tenemos sentimientos). Tengo la mala suerte de tirar amarras cuando no debo, de querer al que no puedo y la lista de sensaciones que no deben cruzar mi cuerpo aumenta a un ritmo vertiginoso como tsunami tropical.Ya sé que solo pasaron 43 días desde que comenzó el año y ya ando a las puteadas con que no encuentro alguien que me termine las frases o me diga cosas que realmente tomen un significado acá adentro mío. Pero es cada vez más cierto que me quiero tirar por dos extremos y después termino en la nebulosa, en el mismísimo cero gris como las nubes que cubren hoy mi cabeza.
Pd: Ya desconté doce cuotas sin interés de nadie.
Pd 2: Adaptación (bah,unos retoques) a un texto de 3 años de edad, mirá si no habré cambiado (¡ni un poquito! diría Zinnia Wormwood, alias mamá de Matilda)
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